Sexta Entrada

Viajar en avión sobre un mar de nubes tiene un componente terapéutico.

Siempre he fantaseado con poder andar entre las nubes, subiendo y bajando por esas montañas inmensas que se crean entre ellas y que el viento las juntaría atrapándome en una densa niebla, o al contrario, las separaría dejándome caer por una grieta con casitas al fondo.

Pero no es a eso a lo que iba, es terapéutico porque piensas en el solazo que te ciega y que no habías visto hasta un buen rato después de despegar. El madrugón de aúpa, la responsabilidad de la reunión, la tristeza de dejar por unos días a la familia; todo ello se mezcla con el plomo  de las permanetes nubes que han manchado de gris el ánimo.

Y el ánimo sube gris, pero arriba está el sol. Abajo dejas sombras, pero arriba te radiografían los ultravioletas. Abajo cubierto y claustrofóbico está el silencio rápido de la gente y las previbles tormentas; y arriba nada, claridad, mucha paz, el cielo…

Y es terapéutico porque en el fondo, arriba y abajo, soy yo. Mismo fulano, misma vida, pero qué luz!

Y si pudiera subir sin avión a ver ese sol? Y si pudiera subir sin cargas a ver esa luz y esa paz? Y si pudiera pensar fríamente y sentir cálidamente que detrás de las nubes siempre, Siempre, SIEMPRE hace sol?

Me da que llueva, nieve, granice, haya huracanes o tempestades, encima SIEMPRE hace sol.

Me da Esperanza.

Es terapéutico.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *